El mundo perdido de los Dani de Irian Jaya

Visitar culturas primitivas en lugares remotos ha sido algo que siempre me ha llamado la atención. Y es que da una enorme satisfacción el no encontrarse con aquellas hordas de turistas que lo único que hacen es dar dinero, dulces y hasta lapiceros a toda persona nativa con quien establecen contacto. Realmente, esto lo único que provoca es una fuerte erosión de la cultura local. Lo que he buscado en esta ocasión es una interacción cultural con comunidades que todavía no han perdido su inocencia debido a la afluencia turística y también por su rechazo a las políticas del gobierno para integrarlos a la sociedad moderna.

La provincia de Irian Jaya (la “J” se pronuncia como la “Y”), conocida también como Nueva Guinea Occidental, forma parte del enorme archipiélago de Indonesia. Esta provincia, en conjunto con Papúa Nueva Guinea, un país independiente, conforman la segunda isla más grande del mundo después de Groenlandia. La isla de Nueva Guinea se caracteriza por poseer los bosques tropicales más extensos del planeta, así como una gran variedad de especies de flora y fauna única, incluyendo al majestuoso Ave del Paraíso Mayor (Paradisaea apoda). Asimismo, la isla posee una diversa gama de etnias que se conocen como papuanos y austronesios, cuya ascendencia se relaciona con los aborígenes de Australia.

La población de la provincia, con más de dos millones de habitantes, posee una gran gama de tribus con más de 250 lenguajes identificados. La mayoría de estas etnias son poco conocidas, pero los Dani, que habitan en el valle central de Irian Jaya, son talvez los más famosos debido a sus peculiares costumbres: morros alargados que cubren el pene de los hombres y pequeñas faldas de fibra vegetal que utilizan las mujeres.01

Aunque los Dani son los que más resaltan, la tribu de los Asmat, ubicada en la costa sur de Irian Jaya, es definitivamente la más notoria. Sus antecedentes sanguinarios, cazadores de cabezas y canibalismo, los colocaron en las primeras páginas de los periódicos del mundo, cuando Michael Rockefeller desapareció a principios de la década de los 60. Hoy día, la práctica del canibalismo y otros ritos de guerra son prohibidos por el Gobierno de Indonesia. A pesar de estas prohibiciones, existen muchas tribus todavía no descubiertas en estas selvas y nadie puede predecir que tradiciones o prácticas culturales se desarrollan en las mismas. La última etnia en ser descubierta es la tribu de los Korowai, quienes todavía son caníbales y se diferencian de los demás por construír sus casas en la parte alta de los árboles. Un reportaje de la revista National Geographic de 1996 los presentó formalmente al mundo.

Dani Google 6Mi primer encuentro con un Dani fue en el pequeño aereopuerto de Wamena, en donde los indígenas reciben a los turistas con artesanías y otros souvenirs para la venta, incluyendo los morros largos. Realmente son muy inocentes y les encanta dar la mano a todo turista, con la esperanza de que se les visite en sus propias comunidades. La mayoría de los locales están vestidos con camiseta y pantalón, y son pocos los que visten trajes típicos en esta zona. En la salida del aereopuerto, me recibe el guía local, Nanang, quién servirá de traductor oficial durante mi estadía en el área.

Nanang procede a explicarme el itinerario de los días que permaneceremos caminando por las interminables veredas y senderos dentro del valle del río Baliem, en donde habitan todas las comunidades Dani. Pasamos al mercado de Wamena a comprar provisiones y agua embotellada, antes de visitar el museo oficial de la tribu y posteriormente iniciar lo que será una inolvidable caminata en territorio desconocido. Cruzamos un puente colgante y después de un par de horas de caminar en medio de bosque secundario, matorrales y sembradíos de camote, nos detenemos a platicar con dos mujeres nativas. Ambas están desnudas a excepción de sus faldas típicas, y nos saludan con la mano, diciendo “lauk” simultáneamente. Mi guía explica que este es el saludo de las mujeres, ya que los hombres saludan con otra palabra, “narak”.

Dani Google 2Ya con un par de palabras adicionales en mi léxico, más otras que me ha enseñando Nanang, me siento relativamente cómodo saludando a los hombres y mujeres Dani que vemos en el camino. Me sorprende que todos los que encontramos en la caminata me piden un cigarro y me doy cuenta de que poseer tabaco es una gran forma de interactuar y quedar bien con ellos. Nanang me dice que es preferible darles cigarros en vez de camisetas u otro artículo que podría erosionar su cultura, por lo que ya me había preparado comprando varias cajetillas de cigarros.

Continuamos la caminata y nos aproximamos a un típico asentamiento Dani, rectangular en su forma y conformado por varios ranchos de paja que se encuentran encerrados dentro de un muro bastante rústico y hecho de pedazos de madera. Me llama la atención el ruido de varios animales dentro de uno de los ranchos alargados dentro del asentamiento. “Son tuncos”, dice Nanang. También, me dice que la dieta alimenticia de todas las tribus del valle esta conformada exclusivamente por cerdos y camote. Es más, los cerdos también sirven para comprar a las mujeres, cuando el hombre desea contraer matrimonio.

Dani Google 3Entramos al asentamiento y de repente, del rancho central aparece un hombre de avanzada edad, quién nos recibe diciendónos “Wa,wa,wa,wa”, que significa bienvenidos o pasen adelante. Es el patriarca del clan y nos pasa a su rancho en donde entramos acurrucados por un pequeño agujero. Es totalmente obscuro y se siente fuertemente el olor a leña quemada, impregnado en toda la edificación. Este rancho ovalado es exclusivo para los hombres y los niños mayores de ocho años. Las mujeres y el resto de los niños duermen en los ranchos laterales de la comunidad. Mientras mi guía traduce, el viejo nos cuenta historias de guerra y del primer avión que aterrizo en el valle. Estas historias son fascinantes y sólo puedo imaginar la reacción de estos indígenas, cuando tuvieron su primer encuentro con el hombre blanco, en la década de los 40.

Llegamos a dormir a una especie de mesón o rancho para huéspedes y aquí Nanang, en conjunto con varios ayudantes, preparan una merecida y suculenta cena de camarón de río y varios vegetales. Mientras los ayudantes y los dueños del mesón cantan para alegrar el ambiente, conversamos sobre las actividades del siguiente día, incluyendo la visita al cantón Jiwika, en donde podremos observar una momia de lo que otrora fuera un gran guerrero Dani. A pesar de que estas tribus acostumbran a cremar a sus muertos, dentro del valle se pueden visitar cinco momias que pueden fotografiarse por un modesto costo.

04Al llegar a la comunidad, el líder del clan inmediatamente saca a la momia fuera del rancho y la enseña orgullosamente. Por supuesto que él tiene que salir en la foto y posa como si fuera el centro de la atención. Los Dani no tienen noción del tiempo, por lo cual me es difícil determinar la edad de la momia, aunque según mi guía, puede tener un poco más de trescientos años. Hay varios hombres del clan alrededor mío y tratan de que les platique, logrando comunicarme parcialmente con ellos. Mi conversación gira alrededor de los animales del área, incluyendo las aves y los mamíferos más comunes, como el cuscus, que se parece mucho a un pequeño micoleón, y que es muy codiciado por los Dani por su carne y su pelaje, además de que adorna los sombreros y hasta la punta de muchos morritos de los hombres. Todos me señalan hacia las montañas, como indicación de que allí los puedo encontrar.

En Jiwika permanezco dos días explorando la zona e interactuando con más indígenas, incluyendo el clan de los Dani Kurulu, con quienes pasaré un día entero, invitado por ellos a una ceremonia de guerra y a un almuerzo tradicional de cerdo y camote. La tarde antes, Yali, el jefe del clan, acompañado por su hijo y varios jóvenes de la misma tribu, nos visitan en nuestro hospedaje. Los pantalones y camisetas de los jóvenes, así como sus nombres católicos, Marianus, Marius, Petrinus, etc., me llaman poderosamanente la atención y me doy cuenta de que estos han sido convertidos por los misioneros.

Los jóvenes también asisten a la escuela en donde aprenden el idioma del país, Bahasa Indonesia, y me puedo comunicar fácilmente con ellos, aunque con ayuda de mi libro intérprete, por supuesto. Marianus me pide que si le puedo regalar mi camiseta de SalvaNATURA, y al consultar con Nanang, este me dice que sería un gran error. “No debería estar pidiendo artículos de los turistas, ya que se mal acostumbra, además de que es el heredero del jefe de la tribu y debe dar el ejemplo como futuro líder del clan de los Dani Kurulu”. En realidad, me hubiera gustado darle la camiseta pero estoy conciente de que no es lo correcto. Yali, quién con mucho orgullo porta su vestimenta tradicional, no está de acuerdo con el comportamiento de su hijo, pero estoy seguro que no podrá evitar estas acciones debido a la creciente afluencia turística a estas comunidades.

Dani Google 4No tenía idea de lo que me esperaba durante mi último día en territorio Dani. La danza de guerra y el almuerzo típico se convirtió en una experiencia única y memorable que sólo había podido observar en reportajes o documentales. Una treintena de hombres peleando con lanzas, arcos y flechas, y vestidos con sus mejores plumas, nos reciben antes de entrar al asentamiento. Gritan y corren por todos lados y se nos acercan con actitudes amenazantes apuntándonos con sus lanzas. De lejos, las mujeres observan a los hombres y cantan melodías hechizantes. Es un gran espectáculo y por un momento, no sé hacia donde apuntar mi cámara.

JMA cantando con los DaniAl entrar al asentamiento, todo el grupo se pone a darnos la bienvenida y a cantar. El canto es fácil de imitar y comienzo a gritar con ellos. Muchos se ríen pero me alientan a que siga cantando y creo que los logro impresionar, ya que tres de ellos se me acercan y gritan en unísono conmigo. Nos sentamos en medio de todo el grupo y Yali, con su arco y flecha, dispone matar a un cerdito, que será parte de nuestro gran almuerzo. Se ha preparado un hueco en el suelo en donde las mujeres colocan hojarascas y camote, y los hombres ponen unas piedras calentadas por fuego, lo cual provoca mucho vapor. Pareciera que toda la comunidad se involucra en este ritual y poco a poco, van elaborando una especie de montículo, en donde el cerdo es colocado en la parte de arriba. Un par de horas después, la comida esta lista. Una de las mujeres me da un camote caliente envuelto en hojas, así como un pedazo de carne, y con el hambre que tengo lo devoro rápidamente.

Al igual que la flora y la fauna ubicada en los lugares más recónditos del planeta, en su mayoría en peligro de extinción, muchas de estas culturas indígenas están desapareciendo debido a las campañas de evangelización de los misioneros y al turismo insostenible. También los gobiernos contribuyen a su deterioro al forzarlos a vestirse, a que acepten los servicios básicos sociales, y por supuesto, a que utilicen el dinero local, cuando por miles de años, estos han estado acostumbrados a la economía del trueque. En este caso, los Dani orgullosamente han rechazado los pantalones y continúan utilizando su vestimenta tradicional. Esto último resulta muy enigmático para muchos misioneros puritanos que todavía se asustan al ver esos morros largos que cubren, de manera parcial, las partes nobles de los hombres. Lastimosamente, la perseverancia da resultados y ahora la mayoría de los jóvenes Dani se visten con ropa occidental.

Mi experiencia con los Dani es algo que no olvidaré jamás. Si bien es cierto he tenido suerte en visitarlos, estoy seguro que mis hijos y nietos solo verán mis fotos, como un último recuerdo de una gran cultura que existió en décadas pasadas. La pérdida de las tradiciones y costumbres de los Dani es algo inevitable y me entristece enormemente pensar en esto. La verdad es que compartir experiencias diarias con estas comunidades indígenas, no solo fortalece el alma, sino que hace más humana y sensible a la persona visitante. Realmente, me siento muy afortunado de haber conocido a los Dani y su mundo ya no tan perdido.

Día a Día en el Valle del Río Baliem

05Las labores de los hombres Dani consisten principalmente en desarrollar obras de irrigación, así como la reparación y mantenimiento de las viviendas y los muros alrededor de los asentamientos. Tienen mucho tiempo de ocio, el cual ocupan para elaborar pulseras, artesanías y para conversar con el resto de sus familiares y amigos. También se dedican a cultivar sus morritos de acuerdo al estilo y el tamaño más apropiado para el usuario. Aunque hoy día no tiene importancia, una de las actividades primordiales de los hombres en el pasado era el vigilar a las mujeres mientras trabajaban en los sembradíos de camote. El hombre Dani se mantenía en alerta desde una especie de torre alta hecha de troncos para evitar el secuestro de niños y mujeres por otros clanes.

El trabajo para las mujeres es arduo, tedioso, y muchas veces solitario. Se dedican a sembrar, a cocinar el camote y a cuidar los niños y los cerdos. Las mujeres casadas se visten con faldas hechas de fibra vegetal muy colorida. Se le llama youngal y es tan pequeña y floja en la cadera, que pareciera que se puede caer en cualquier momento. También, las matatas, o noken en el lenguaje Dani, forman parte de la vestimenta tradicional de la mujer. Se parecen mucho a las matatas de nuestros campesinos, aunque mucho más grandes. Utilizando la frente como sostén o agarredero, acarrean camote, niños y hasta cerdos, colocándoselos en la espalda.

Publicado originalmente en La Prensa Gráfica (Noviembre 1997)